Voces que cuentan. Una antología necesaria.

Voces que cuentan. Voces que nos representan

Empoderamiento, ruptura del techo de cristal, feminismo…Todos estos conceptos tienen objetivo común: el derecho de cualquier mujer a ser. A ser una misma, a ser lo que quiera como profesional, a ser madre o no serlo, a ser libre, a no ser etiquetada, a no ser juzgada constantemente por su físico, su vestimenta o sus actos.

Las magníficas guionistas e ilustradoras que han participado en este proyecto reivindican a través de sus relatos este derecho fundamental, negado durante siglos en los que fuimos silenciadas. Las 18 autoras de Voces que cuentan son pioneras, valientes, altavoces de nuestra capacidad para realizar cualquier cosa. Pero, sobre todo, todas ellas son únicas y nos representan.

Porque esta novela gráfica lleva un pedazo de cada una de nosotras, de nuestras vidas cotidianas, de nuestros miedos, de nuestros sueños y forma parte del cambio histórico que estamos escribiendo en directo, en nuestra lucha sin precedentes por la igualdad.

Las autoras opinan sobre su participación en Voces que cuentan:

Almudena Grandes: “Cómo me alegra que una joven creadora con tanto talento como Sara Herranz ilustre una vieja historia mía. Siempre me ha parecido envidiable el saber dibujar y ser capaz de condensar tantas cosas en una sola imagen. Por eso me hace especial ilusión que haya sido precisamente esta historia, “Por una falda de plátanos”, en la que se entremezclan mi propio pasado familiar con mi forma de escribir y el valor que para todos tiene la memoria histórica, la que forme parte de esta antología.”

Ada Diez: “En este comic se muestra la importancia de que el entorno familiar preste su apoyo de manera incondicional, de lo imprescindible de una base educativa adecuada, como principio feminista y clave para luchar por tus sueños, entender la importancia de la independencia como persona individual, olvidándonos de lo establecido por las reglas de género.

Lo que empezó como una necesidad de protección hace 30 años, sigue siendo una historia de empoderamiento totalmente actual ya que cada pequeño paso luchando por esa independencia nos acerca hacia una igualdad real. Una lucha continua donde cada pequeño paso es importante.

Me resultó muy interesante trabajar en este cómic, con una historia cercana, sencilla, con unos principios humildes desde la España rural, un retrato sincero de cómo el amor hacia nuestros descendientes cambia la perspectiva de lo conocido, de lo que nos resulta cómodo. Lo curioso del viaje, ver a través de los ojos de distintas generaciones una evolución mostrando cómo se incorpora el feminismo con el paso del tiempo, como una semilla plantada hace 3 décadas, se arraiga, permitiendo tener un testimonio único a la hora de contar narrativas sociales comunes en nuestro mundo, incorporando a los distintos géneros lugares no tradicionales. La mujer se incorpora al mundo social, al trabajo, a la formación. El hombre asume el papel de educador, confidente, padre más allá del concepto de progenitor.

Además, incorporar el lenguaje del cómic le aporta un gran aliciente gráfico para acercar esta publicación a cualquier grupo de edad. Ayudando a la visibilización real de problemas cotidianos de nuestro día a día.”

Agustina Guerrero: “Cuando tuve la historia de Lola García en mis manos ocurrió algo mágico: la leía en imágenes. Algo que difícilmente me ocurre, ya que suelo dibujar lo que yo misma escribo. Pero esta vez su historia, la historia de todas, me cogió fuerte de la mano y los trazos salieron solos. Defiendo firmemente que tantos silencios que vivimos las mujeres empiecen a sonar y esta antología va a crear un ruido maravilloso.”

Akira Pantsu: “Para mí participar en este proyecto ha sido todo un reto, sobre todo tratando un tema tan delicado y que afecta a tanta gente como lo es la anorexia. En este caso con la experiencia de Diana, que ha sido muy valiente en contarla. He tratado de plasmarla con todo el respeto y al mismo tiempo mostrando la cruda realidad. Ojalá sea un apoyo y que ayude a concienciar. Muchísimas gracias por contar conmigo.”

Ana Oncina: “A pesar de que Estefanía y yo tenemos trabajos totalmente distintos, me he podido sentir completamente identificada con sus experiencias. Las diferentes situaciones son un toque de atención para que dejemos de criminalizarnos por ser ambiciosas y creamos más en nosotras mismas. Formar parte de este proyecto y en particular el haber trabajado con Estefanía ha hecho que me sienta todavía más unida a mis compañeras.”

Diana López Varela: “Durante muchos años dudé acerca de escribir sobre mi experiencia con la anorexia nerviosa. Siempre he creído que hay ciertos temas que, por afectar a una parte muy vulnerable de la sociedad -las adolescentes-, deben ser tratados con delicadeza y sin caer en la tentación de hacer peligrosas apologías. Mis miedos se esfumaron cuando David Hernando me propuso la posibilidad de contar una historia personal desde el cómic. Era la primera vez que usaba este formato, y junto a Akira Pantsu, logramos enfocar la anorexia como una infección de la que nadie está inmune cuando tienes 14 años y el machismo manda en las relaciones personales.” 

Esther Gili: “David, el editor de la antología, me propuso hacer unas páginas de cómic, pero por falta de tiempo tuve que rechazar la propuesta. Aun así, no desistió, tenía claro que debía participar, y la verdad es que a mí me hacía mucha ilusión formar parte de este proyecto lleno de mujeres increíbles. Así que, cuando me propuso hacer la portada, me pareció perfecto. Él ya tenía una idea clara y me pasó un boceto de su pareja que tanto ella como él menospreciaron de antemano pero que a mí me vino genial. Mi trabajo fue transformar su boceto en realidad.”

Estefanía Molina: “Formar parte de esta antología ha simbolizado para mí una especie de catarsis personal por la posibilidad de darle coraje a otras mujeres para que peleen contra esos escollos, algunas veces autoimpuestos, en una sociedad donde aún son menos las figuras de autoridad femeninas en la esfera público-política. Todo ello a partir de una reflexión profunda sobre el impacto de los referentes en la vida. Qué asombro que Ana Oncina, mi exitosa ilustradora, se identificara con esas experiencias, quizás porque muchas hemos sido el otro personaje alguna vez.”

Eva Amaral: “Nuestras soledades, nuestras pequeñas luchas diarias y las grandes batallas libradas por todas las que un día fueron y por sucesivas generaciones de las que ahora somos.

Esta antología constituye un testigo que pasar a las que vendrán. Es para mí un honor participar rodeada de mujeres capaces de mover montañas, y me emociona ver Soledad, ilustrada por María Hesse, una artista a la que sigo y admiro, tanto por su obra como por el mensaje que transmite a través de ella.”

Julia Otero: “Soy sincera: no soy persona de cómic. Lo dejé atrás con mi niñez y adolescencia, de modo que ha sido una vuelta a lo grande. Un día me vi ante historias dibujadas por lo más granado del género en España y la intuición me llevó a Ada Diez. Conocerla y compartir historias personales en torno a un café largo fue una experiencia interesante. A pesar de la diferencia de edad nos mirábamos la una en la otra cuando intercambiábamos recuerdos. Es lo que tiene ser chica: a menudo nos pasan cosas muy parecidas, sobre todo las malas (esas, no importa el tiempo que pase, siguen ahí). Ada y la buena compañía de mujeres que quiero y admiro, hizo el resto. Aquí estoy, encantada de veros a todas dibujadas y contadas.”

Leticia Dolera: “Ha sido muy emocionante ver cómo Lola Vendetta (Raquel Riba Rossy) iba dando forma a un capítulo de Morder la manzana, ese intercambio íntimo entre dos amigas que tiene lugar en una cafetería de Madrid alrededor de una tarta de queso. Cada nuevo mail de Raquel era para mí como abrir un regalo sorpresa, descubrir cómo esos dos personajes al pasar por su mirada se llenaban de nuevos matices me ha llenado de ilusión

Lola García: “Al principio me pareció que esto del cómic no tenía nada que ver con mi profesión de periodista. Pero explicar la realidad es mi oficio y eso se puede hacer de muchas formas, todas buenas si se actúa con profesionalidad. En Francia, por ejemplo, es muy habitual utilizar ese recurso para retratar la política. Además, guardo una eterna nostalgia de los cómics que me absorbieron durante horas cuando era niña, así que desterré prejuicios y me animé con este pequeño relato. Al ver el intuitivo y delicado trabajo de Agustina Guerrero que, con sus dibujos, insufla aliento a la protagonista ya no me queda ninguna duda del poder de la ilustración para contar historias.”

María Hesse: “Me ha encantado poder ilustrar la canción de Amaral, su música me ha acompañado en muchísimos momentos de mi vida. La letra de “Soledad” está llena de tanta fuerza y significado y ha sido un placer sumergirme en ella. Participar en un proyecto como este, rodeada de tantas mujeres y compañeras a las que sigo y admiro, es un auténtico regalo.”

Patricia Campos: “Mi experiencia ha sido muy positiva. Por un lado, me he sumergido en el mundo de los cómics y me ha encantado. Además, ha sido una alegría conocer a Sara y descubrir su arte porque es impresionante lo que puede transmitir en un dibujo. Lo mejor de todo es que este cómic será una fuente de inspiración para muchas niñas que se vean reflejadas en cada una de nosotras. Estoy segura que va a aportar muchísimo a todas las niñas y niños que lo lean.”

Raquel Riba Rossy: “Ha sido muy interesante meterme en el universo de Leticia Dolera y adaptar la parte gráfica a su historia. Buscar una paleta de colores que me ligara con la misma historia y con la autora, situar los personajes en las calles de Madrid y narrar con sutilezas la sororidad que se respira entre dos amigas. Una vez más las mujeres nos unimos para decir basta.”

Sandra Cardona: “Ilustrar una generación de mujeres que han vivido una realidad tan distinta a la que tenemos hoy me ha parecido increíble. Lo más importante de esta antología es dar visibilidad a esas valientes, y… ¿qué mejor manera de hacerlo que a través del cómic?”

Sandra Sabatés: “Participar en este proyecto ha sido para mí una de las experiencias más gratificantes. Es el trabajo más personal que he realizado hasta el momento, un homenaje a la lucha de las grandes mujeres de mi vida, y esto le da un plus de emoción. Agradezco enormemente a Sandra Cardona el cariño que ha puesto a la hora de ilustrar esta historia que aparece junto a la de grandes mujeres a las que sigo y admiro. Y esto es simplemente maravilloso.”

Sara Herranz: “Ha sido un placer poder trabajar con el texto de una escritora a la que admiro tanto como Almudena Grandes, y un honor formar parte de esta antología. Necesitamos más relatos que cuenten la visión que nosotras tenemos del mundo.” 

Sara Soler: “Nunca he tenido buena relación con el fútbol. Desde pequeña lo veo como un club de élite en el que no me dejaban entrar por ser niña. He tenido que hacerme mayor y participar en esta antología para hacer las paces con él. Y ha sido gracias a otra mujer, Patricia Campos. Por ella me he dado cuenta del poder que tiene el deporte cuando se basa en la amabilidad, la comunidad y en la no discriminación. Espero que a esta historia os llegue tan hondo como a mí. ¡Ha sido toda una experiencia participar en una obra llena de gente tan maravillosa!”

                       

Sobre el proceso de edición de Voces que cuentan (por David Hernando, director editorial de Planeta Cómic)

“No tengo nada interesante que contar”.

Al empezar a preparar esta antología, esa es la frase que más veces escuché y la que nunca esperé encontrarme. Cuando contacté con los perfiles reunidos finalmente en este volumen, de una relevancia e importancia sociocultural más que evidente, nunca pensé que la primera reacción fuese siempre que ellas creían no tener nada interesante que aportar, que no sabían qué historia explicar. Solo viendo sus nombres uno sabe que eso es imposible. Ya sea en el terreno personal o profesional, todas ellas tienen cientos de historias interesantes, relatos que ayudarían a otras personas a verse reflejadas o representadas. Esa respuesta fue la que me hizo darme cuenta de que este proyecto era incluso más necesario de lo que había pensado en primera instancia.

Hacía tiempo que una antología con las características del presente volumen era algo necesario desde el punto de vista editorial. No fue hasta recibir esas primeras respuestas que me percaté de lo importante que era esta antología, de lo relevante que era llevarla a buen puerto, porque en esos momentos me di cuenta de que la frase “no tengo nada interesante que contar” no me la habría encontrado nunca si hubiese sido una antología de perfiles masculinos. Habrían faltado páginas para narrar todo lo que ellos habrían creído relevante contar.

Las voces reunidas en esta antología no solo cuentan, sino que importan. Son un ejemplo de historias personales, de superación, de darse cuenta en momentos puntuales de sus vidas de a qué querían dedicarse o por qué son como son hoy. Historias costumbristas muchas de ellas que seguramente han ocurrido en multitud de vidas a diario y que en otras circunstancias quedan silenciadas. Desde el primer “no tengo nada interesante que contar” quedó claro que era todo lo contrario y que esta obra coral tenía que ver la luz.

Gracias al trabajo de todas las autoras, la antología refleja distintas realidades y situaciones que apelan a todo tipo de lectoras y lectores. Porque estos relatos no solo van dirigidos a ellas, sino también a ellos. Desde mi perspectiva como editor de la obra, trabajar con ellas, comentar las distintas opciones de cada historia y luego verlas plasmadas visualmente en los primeros diseños de personaje, los bocetos iniciales, las composiciones de página y las ilustraciones finales me ha hecho ver muchísimas cosas de las que antes no era consciente.

Al fin y al cabo, esa es la esencia de lo que una editorial espera de aquello que publica: conseguir la reflexión sobre temas universales, gracias a sus autoras, sus páginas, sus historias. En ellas se engloban distintos tipos de relato, desde la influencia que han tenido en ellas sus madres, padres, abuelas y bisabuelas, hasta las distintas elecciones profesionales que fueron tomando por el camino.

Esta es probablemente la introducción más sentida, intimista y personal que he escrito hasta ahora, pero la ocasión lo merece. Es un auténtico orgullo haber sido parte de esta antología y solo queda agradecer a todas ellas, desde escritoras a ilustradoras, su tiempo, su talento, su saber hacer y su complicidad durante todo el proceso creativo que nos ha llevado a Voces que cuentan. Ha sido uno de los momentos creativos más gratificantes de mi carrera y ha sido gracias a ellas, a Almudena Grandes, Eva Amaral, Diana López Varela, Estefanía Molina, Leticia Dolera, Lola García, Julia Otero, Patricia Campos, Sandra Sabatés, Ada Diez, Agustina Guerrero, Akira Pantsu, Ana Oncina, María Hesse, Raquel Riba Rossy, Sandra Cardona, Sara Herranz y Sara Soler. Gracias. Y por muchas más historias interesantes que contar.

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